61. EL TARIFA. Y Manolo, su compañero inseparable.

25 09 2008

Manuel Guzmán Piñatel, “El Tarifa” es un marinero que en el mundo de la mar ha hecho de todo cuando ha estao embarcado: desde marinero, pasando por cocinero, mecánico engrasador o contramaestre; de todo menos capitán. Sobrevivió al naufragio del ‘Pascual Baldó’. Ahora es capitán de su moto. Ha trabajado en pesqueros y en barcos mercantes. Se ha movido por los mares de Europa, por Africa, y por el mundo de los sueños.

Manuel Guzmán Piñatel, “El Tarifa” is a sailor who in the world of the ocean has dabbled in a bit of everything on board: from sailor, chef, mechanic to boatswain; everything except captain. Now he’s captain of his motorbike. He has worked on fishing boats and merchant boats and has sailed the seas in Europe, Africa and in the land of dreams.

Manuel, de 79 años, acompañado de su inseparable compañero perruno, Manolo, de 5 años, recorre El Puerto en motocicleta, ambos con cascos -como manda el reglamento de la circulación vial- y en función del color del día, así se ponen los cascos: rojos cuando se sienten guerrilleros, o azules, cuando van en misión de paz, como los cascos azules de la ONU. Manolo, osado, echao p’lante, “con cara”, como diría un castizo, le mantiene a Vd. una conversación sobre la conveniencia de ir acompañado por su inseparable mascota, también en moto; de que ésta vaya protegida, con casco y gafas, y de que Manolo, el perro de cinco años, le obedezca cuando le interpelen los amigos del muelle de San Ignacio (muelle del Vapor) o algún turista curioso. Y es que Manolo, -¿cual de los dos?- tiene más cara que espalda.

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El Tarifa, con su inseparable perro Manolo, el 26 de diciembre de 2008, paseando por la Avda. Micaela Aramburu. En el momento de la foto estaba llamando a Luis, el dueño del ‘Bar de los Cristalitos’ diciéndole “Mira que arte, me hacen fotos sin moto y sin casco”. Este es Manolo…


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3 respuestas

25 09 2008
JPoquet

A D. Manuel, “Tarifa” le recuerdo de cuando navegaba en el “Bahía de Calpe”, en los años de la Merchora y otros, donde trabajaba de engrasador… personaje sin par, cachondo y entrañable… especialmente recuerdo cuando el barco llegaba a puerto y hacian el reparto de las partes del pescado del personal de a bordo, después de descargar las capturas y su voz estridente, de espaldas a los montones colocados a popa, respondiendo al grito del patrón, el “Tío Joaquín” -otro Poquet- “¿… para quién?… Preguntaba y el, “Tarifa”, respondía sin saber que montón o parte señalaba… “Pal Jefe Máquina” o para cualquiera de “los embarcaos”… Luego se arranchaba rápido y pa tierra, Pal Polvorista… “quel gahnate lo tengo ma ceco que la mojama”…

27 12 2008
Agustin

Lo que es verdad es que el Tarifa, aparte de cara, tiene una simpatía arrolladora. A su edad, metido dentro de su personaje, con su pareja de artisteo, su fiel perro Manolo, es un tipo de los que no van quedando por El Puerto. Benditos personajes que recuerdan el humor y la gracia de la tierra de D. Pedro Muñoz Seca!!

28 01 2009
morgan

Esta nótula me hace recordar una leyenda urbana que me gusto mucho, la del “resucitado”. Más que nada por la ocurrencia de un sanluqueño que navegó casi toda su vida en barcos pesqueros de El Puerto. Pero que a “El Tarifa” le creó más de un problema durante los últimos años de su vida profesional

Lo cierto es que Braulio Hidalgo Rosa, a quien me refiero, natural y vecino de Sanlúcar de Barrameda, una vez cuando regresaba de la mar, después de descargar el pescado en la Lonja de la otra banda, margen izquierda, frente al muelle del Vaporcito, y de recibir su retribuciones –zafe- , se marchó para Sanlúcar en la furgoneta, que por aquel entonces tenía en la Lonja de Pescados Julio Romero, “El Cordobés”.

La alegría de estar en tierra, y las pesetas que llevaba de jarampa, hizo a Braulio, antes de llegar a su casa, visitar y hacer más de una parada en las tabernas de rica manzanilla de su tierra natal, hasta el extremo de sentirse mal y saltar la tapia del Camposanto sanluqueño para descansar y quedarse dormido en uno de los nichos que el personal municipal tenía abierto para cualquier incidencia que se pudiera producir. Todo ello para evitar la reprimenda de su parienta.

Ya anocheciendo, despertó de su letargo, y antes de emprender de nuevo el camino para su casa, se percató que había perdido el encendedor. Entonces encontrándose encima de la tapia del cementerio sintió la necesidad de fumar y en ese preciso instante pasaba un buen hombre montado en un burro al que Braulio le solicitó fuego, Cuentan que el susto fue mayúsculo y que el hombre pegó un salto, abandonando al burro, saliendo corriendo del lugar al creer que Braulio era un resucitado.

Aquello, cuando se lo contaron a “El tarifa”, no le hizo ni pizca de gracia ya que cada vez que veía a Braulio por el muelle se retiraba y si se rozaba con él se ponía tan nervioso que parecía, con ese torrente de voz que todavía a su edad conserva, que hablaba en Arameo, además de santiguarse bastantes veces.

Recuerdo que una vez cuando Manuel Guzmán Piñatel, “El Tarifa” zafaba en el bar de Antonio Sucino que estaba situado por aquellas fechas frente al “Bar de Los Cristalitos”, le preguntaron el porqué actuaba de esa manera con el bueno de Braulio. Se limito a decir que lo hacía para evitar cualquier desgracia en alta mar o que el barco fracasara en la pesquería…